viernes, 7 de marzo de 2008

"La rueda de la vida"

Entre los muchos consejos para llevar una vida más completa incluidos en el libro “El monje que vendió su Ferrari”, me llamo especialmente la atención aquel que recomendaba leer biografías de personajes notables de la humanidad.

La idea es sencilla: si conocemos los pasos que, en determinadas situaciones, han dado personas inteligentes, compasivas y buenas, tendremos una referencia muy válida a la hora de andar nuestro camino.

“La rueda de la vida”, la autobiografía de la doctora Elisabeth Kubler-Ross, es, sin duda, uno de esos libros a los que se refiere la obra anterior.

La autora ha pasado a la historia por sus estudios y trabajos sobre la muerte y los moribundos. Con ellos, se convirtió en uno de los primeros autores en exponer públicamente la existencia de lo que hoy conocemos como “experiencias cercanas a la muerte“.

Siguiendo su teoría de que en este mundo nada sucede por casualidad, la doctora Kubler-Ross nos relata su infancia y juventud, marcados por su gran compasión, su participación activa en organizaciones de cooperación humanitaria y su inclinación por la medicina con el fin de ayudar a los demás.

Es, una vez que acaba su carrera universitaria, cuando comienza, de forma más o menos involuntaria, a acercarse a enfermos terminales y a comprender el vasto campo que la ciencia médica aún tiene por explorar: la muerte y todo lo que la concierne. Poco a poco, comienza a desarrollar su espiritualidad, para ella dormida hasta entonces, y a entrar en contacto con todo aquello que la mayoría no somos capaces de ver pero que tantas personas si sienten: el mundo que nuestros sentidos no llegan a vislumbrar.

Después de entrevistar a más de 20.000 personas de todo tipo y condición que habían experimentado muertes clínicas y habían sobrevivido, la autora concluye que es imposible no tener fe en el más alla.

Pero ha de ser, gracias a varias experiencias místicas espontáneas, cuando alcance la total certeza de que la vida no termina con la muerte y que, como ya le habían transmitido sus enfermos, estamos aquí aprendiendo a amar.

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