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jueves, 23 de octubre de 2008

Una septuagenaria usando Linux

Desde que cambié Windows por Linux en todos mis ordenadores empecé a ser consciente de lo poco usable que son los últimos sistemas operativos de Microsoft, lease Windows XP y Windows Vista.

Para confirmarlo, decidí migrar también el ordenador que utiliza únicamente mi madre (que a día de hoy, tiene 72 años) y estudiar sus reacciones.

El proceso me llevó un par de mañanas en las que tuve que salvar los datos del equipo viejo, eliminar Windows XP instalando Ubuntu Linux 8.04, volver a copiar sus datos a su carpeta personal, dejarle una apariencia un poco más atractiva de la que Ubuntu trae por defecto e instalar los paquetes, programas y plugins más habituales (Flash, Java, etc.).

Lo primero que echó en falta una vez comenzó a usar el ordenador fueron los juegos de Windows: el solitario Spider, el buscaminas, y los juegos de cartas Red de corazones y Carta Blanca. A pesar de que encontré algún clon para Linux, preferí instalarle las versiones originales utilizando Wine. Evidentemente no notó ninguna diferencia.

Mas tarde tuvo que hacer un pequeño escrito y, sin niguna ayuda, lo redactó correctamente con OpenOffice. Cuando fue a imprimirlo, incluso se atrevió a conectar por el USB la impresora a la espera de una configuración automática que desgraciadamente no se completó, así que tuve que instalarle el driver de su HP 1018 a través de la consola. Único punto negro del experimento (aunque ella tampoco habría sabido instalar el driver en XP y yo habría tardado más en solucionarle el problema).

OpenOffice no le importó correctamente algunos documentos hechos con Office 2007 y Firefox 3 se le colgço un par de veces, ambas por el plugin de Flash. Siguiendo con sus propias palabras, “dos problemas menores”.

A continuación, las conclusiones de mi propìa madre tras 4 meses de uso:
  • Alucina con la velocidad con la que Linux mueve el entorno gráfico. Según ella, las aplicaciones se abren “100 veces más deprisa” que con XP.
  • Ha investigado todos los juegos disponibles por defecto con Ubuntu y está encantada con la mayoría de ellos.
Y, para terminar, mis propias conclusiones:
  • Yo también estoy encantado por el hecho de que se han acabado los problemas que tenía que solventarle a mi madre cuando usaba Windows: “esto no arranca”, “esto da un error”, “esto ha dejado de funcionar”, etc.
  • Mi madre usa intensamente Internet (por ejemplo, accede a su banco todos los días) por lo que yo estoy más tranquilo ahora: sé que no va a tener ningún software malicioso en su equipo que le robe contraseñas o algo por el estilo.
  • Por fin se acabó darla soporte técnico permanente ante las miles de preguntas que hace en Windows el software instalado en el sistema (solicitud de actualizaciones, registros, etc.).
  • Si yo me tengo que ausentar de casa, sé que su equipo no se va a degradar, es decir, va a seguir funcionando al 100% de rendimiento. Un escenario muy diferente de lo que le ocurría cuando usaba Windows.


martes, 27 de mayo de 2008

Porque ya no utilizo Windows

Los que llevamos metidos ya unos años en esto de las nuevas tecnologías, conocemos y hemos usado Windows como sistema operativo desde mucho antes de 1995. Los usuarios domésticos, empezaron a oir hablar de él en 1998, pero no fue hasta 2001, momento en el que Windows XP salió al mercado, cuando éste pasó a ser conocido y aceptado por el gran público. No merece ni comentar la cuota de mercado que desde entonces ostenta.

Sin embargo, en los últimos años, el mundo tecnológico ha comenzado a dar un giro de 180 grados. Y estoy seguro de que este cambio va a hacer que, en el futuro, el mercado de sistemas operativos diste mucho del que hoy conocemos.

Para entenderlo, debemos pensar que el software (los sistemas operativos y los programas que utilizan ordenadores, portátiles, PDAs, móviles de última generación y otros muchos dispositivos electrónicos) es como un plato cocinado obtenido a partir de una receta.

Antes, las empresas desarrolladoras de software (lo que incluye a Microsoft y a todos aquellos que diseñan sistemas operativos) creaban sus productos de forma cerrada: yo hago mi programa y lo vendo sin hacer público su código. O lo que es lo mismo, yo cocino un plato y lo vendo ocultando su receta. Por múltiples razones, ahora el enfoque ha cambiado. En la actualidad, ya son mayoría los desarrollos abiertos: yo hago un programa, y lo distribuyo junto a su código de forma gratuita. Siguiendo con nuestro ejemplo, yo preparo un plato y lo pongo a disposición de quien quiera probarlo junto a su receta.

Aunque no es cuestión de explicar aquí los beneficios de este esquema, basta con pensar en lo mucho que puede mejorar la calidad de un plato después de que muchas personas hagan a su receta las modificaciones que estimen convenientes y compartan con el resto dichos cambios. Más aún, si no nos gusta uno de los ingredientes del plato, podemos no incluirlo. Trasladado al software, esto significa que los desarrollos abiertos evolucionan muy rápido y, lo que es mejor, pueden ser adaptados por el usuario final conforme sus propias necesidades.

Y esto último es la clave, mucho más allá de la gratuidad con la que se obtienen los desarrollos abiertos, porque para una empresa o administración, como usuaria final de software, es vital poder hacer todos los cambios necesarios en el software para que este se adapte a su modo de funcionamiento. Y en el otro extremo también hay beneficios. Podemos comprender cómo las empresas de hardware (aquellas que diseñan la parte visible de nuestros aparatos) se benefician también del modelo abierto pensando en cómo una empresa que diseñe robots de cocina consigue aumentar su valor si cuenta con miles de cocineros desarrollando recetas basadas en su producto.

De todos estos movimientos hay muchas pruebas: administraciones como la de la ciudad de París o la de la comunidad de Andalucía migran ya sus sistemas operativos a soluciones abiertas como Linux; empresas representativas en el sector del hardware, como Nokia o Samsung, hacen que sus aparatos ejecuten productos de este tipo, etc.

Así que el tren acaba de ponerse en movimiento y ha llegado el momento de subirse…